Cortezas de queso. Suero. Plástico de merma. En la relación entre Tuero Medioambiente y Valle de San Juan, ninguno de los tres termina en vertedero. Y ese caso, lejos de ser una excepción, resume cómo trabajamos con nuestros clientes de la industria alimentaria durante los primeros meses de 2026.
Las cortezas de queso van a alimentación animal como materia prima de calidad. Los sueros que no se aprovechan en producción llegan a nuestro digestor anaerobio: generan biogás, convertido en biometano, y digestato que vuelve al campo como fertilizante orgánico. El plástico de las mermas de producción se envía a reciclado y regresa como granza para fabricar nuevos envases, los mismos que Valle de San Juan volverá a usar en su siguiente ciclo de producción. Un residuo de quesería del que salen energía, fertilizante, alimento animal y plástico reciclado. El ciclo casi se cierra sobre sí mismo.
Ese modelo se repite, con variaciones, en cada cliente que trabaja con nosotros: bioseguridad estricta en cada línea de recepción y molienda, trazabilidad documental completa desde el origen del subproducto hasta su destino final, y caracterización técnica previa que determina exactamente qué proceso conviene a cada flujo. La harina de galleta que producimos para alimentación animal sigue el mismo estándar: control microbiológico, análisis nutricional, trazabilidad de principio a fin.
Lo que estos casos demuestran no es una idea de economía circular. Es la ejecución diaria de esa idea, con nombres de empresa, toneladas concretas y procesos auditables detrás de cada uno.

