Y un plan que obliga a decir por escrito qué haces con cada tonelada.
Muchas empresas alimentarias van a tratar el plan de prevención de la Ley 1/2025 como un documento más del departamento de calidad. Es una lectura incompleta y financieramente miope.
El artículo 6 exige a los agentes de la cadena alimentaria un plan de aplicación para la prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario que contemple cómo aplicarán la jerarquía de prioridades. Las microempresas quedan excluidas. Traducido: la norma te pide por escrito qué haces con cada excedente.
Y el artículo 5 ordena la respuesta. Primero, prevenir. Después, donación y redistribución para consumo humano. En su defecto, alimentación animal y fabricación de piensos, dentro del marco regulatorio. Más abajo aparecen otros usos: subproducto en otra industria, reciclaje y valorización energética.
Esto cambia la ecuación del residuo. Galletas rotas, bollería retirada o snacks sin salida que hoy se contabilizan como tipping fee pueden tener un destino previo con valor: harina de galleta como ingrediente de alimentación animal. Lo que no puede ir a piensos, como lodos o determinados subproductos, sigue teniendo su vía en la digestión anaerobia: biogás y digestato.
En Tuero Medioambiente operamos ambas salidas. Y vemos el mismo error: caracterizar el flujo después de firmar el contrato de gestión, no antes. Si tu plan asigna un excedente a un destino inferior de la jerarquía, conviene poder justificarlo por razones técnicas, sanitarias o económicas. Sin esa caracterización, el coste de oportunidad queda fuera de la cuenta de resultados.
¿Tu plan de prevención indica a qué destino va cada excedente y cuánto cuesta cada uno? Te ayudamos aquí




