Tuero ha patentado un consorcio de bacterias para maximizar la producción de biogás. Esto es lo que significa en la práctica.

El 5 de junio, Marina Braojos García, investigadora en el laboratorio instalado en Tuero Medioambiente, participó en el programa Hoy por Hoy de la Cadena SER para celebrar el Día Mundial del Medio Ambiente desde Venta de Baños. Le pidieron que explicara lo que hace desde el laboratorio. Vale la pena contarlo con más detalle.

La digestión anaerobia es un proceso biológico, no mecánico. No lo realiza una sola bacteria. Lo realiza una comunidad entera de microorganismos que actúan en cadena: unos inician la degradación, otros la continúan, otros la finalizan. Si falla uno de los eslabones, el rendimiento del proceso cae. El área de I+D lleva años estudiando esa comunidad dentro del digestor de Tuero: quiénes la componen, qué función cumple cada una, cómo interactúan entre sí.

A partir de ese conocimiento han identificado las bacterias con mejor rendimiento para cada fase y han construido un consorcio microbiano optimizado para maximizar la producción de biogás. Y lo están patentando. Patentar bacterias es pionero, jurídicamente complejo, y es lo que diferencia a una empresa que gestiona residuos de una que investiga activamente cómo hacerlo mejor cada año.

El segundo punto que abordó Braojos en el programa fue el digestato. Tiene una reputación injustificadamente mala. Proviene de residuos, tiene color, genera desconfianza automática. Pero su composición química es exactamente lo que muchos suelos necesitan: nitrógeno amoniacal en forma mineral de disponibilidad inmediata, fósforo, potasio. La alternativa habitual, fertilizantes de síntesis, satura el suelo a largo plazo, reduce su biodiversidad y lo degrada. El digestato hace lo contrario: lo nutre y lo regenera.

La ciencia que hay detrás de Tuero Medioambiente merece tanta visibilidad como los resultados que produce.

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